En la charla que tuve la suerte de dar en el Bar Camp Buenos Aires (#barcampba), hablé entre otras cosas sobre cómo las marcas se proponen ser parte de la vida de las personas.
Y eso está muy bien, en tanto los consumidores permitan o valoren estas intromisiones. En este escenario, digamos que todos “quedan contentos”: los usuarios reciben algo, las marcas “pasan sus avisos”, venden más. Todo bien.
Ahora, el problema sobreviene cuando las marcas se meten en la vida de las personas: las invaden, no las respetan, aún dándoles algo a cambio. Es que, me parece, primero están los valores, y luego los productos. El ejemplo de los Put Pocketers habla exactamente sobre esto: aunque me regalen dinero, si invaden mi territorio sin mi consentimiento, no lo quiero. No, gracias. Sobre todos, si son solo unos pocos pesos
Hoy quiero compartir otro “buen mal ejemplo” de este fenómeno del marketing intrusivo. Se trata de la empresa Chubb Nord-Alarm Security Systems de Alemania, que para promocionar un sistema de alarmas hogareñas hace lo que vamos a ver en este video.
Aunque los resultados de venta demuestren que yo esté equivocado (permítanme desconfiar de los números expresados por algunos Contadores que arman resultados a medida de sus neceidades y bonus), creo que para una marca nunca es bueno mentir, invadir o engañar. Porque de lo que aquí estamos halando es sobre construcciones de marca: y ya sabemos lo que pasa cuando construimos en base a mentiras. El que tenga hijos, ¡seguramente les habrá dicho esto más de una vez!
Vos, ¿qué opinás?

26-Nov-2009

